David, el antiguo rey de Israel, tenía muchas cosas para poder disfrutar y estar bien, pero empezó a mirar hacia atrás. Cuando lo hizo, no fue para recordar con alegría lo que había vivido, sino que la tristeza inundó su corazón y su mente de recuerdos que ahora no podía revivir. 

Recordar no es malo en sí mismo, es más, es necesario para poder crecer, tener memoria, cobrar ánimo y ver las cosas buenas que Dios nos ha dado.

Pero David dejó que su corazón se llenara de tristeza y nostalgia. Esa nostalgia que no te permite disfrutar del presente. Mirar hacia atrás puede dejarte paralizado ante el presente y el futuro. 

Lo bueno, es que, más allá de lo que le duró su tristeza, él pudo ponerle un alto, un punto final.

Este relato es parte del Salmo 42.

David se preguntó a sí mismo: ¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Salmo 42:5

Lo nuevo, aunque sea distinto, no por eso debe ser malo. Dios quiere aún traer vivencias y situaciones para tu bien. En este tiempo nuevo que nos toca vivir te animo a que puedas poner tu esperanza en Dios.

Para poder vernos, hemos tenido que cambiar hábitos y costumbres, pero aún podemos disfrutar el reencuentro.

Cada generación deberá enfrentar situaciones agradables y de las otras, pero Dios sigue siendo todopoderoso y puede hacerte superar cualquier situación adversa o nueva.

Dios te bendiga y te ayude en cada desafío que traiga este nuevo tiempo.

Saludos, Daniela Pastorino.

Consejera pastoral.